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Ehrlichiosis
monocítica canina (Last Updated: 13-Apr-2000 )
T. Waner1 and S. Harrus2
1Israel
Institute for Biological Research, Ness-Ziona, Israel
2Veterinary Teaching Hospital, School of Veterinary Medicine,
The Hebrew University of Jerusalem, Rehovot, Israel.
Traducido
por: A. N. Aprea, Clínica de Pequeños Animales,
Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La
Plata, Argentina. (4-Oct-2004).
Introducción
El agente etiológico de la erlichiosis monocítica
canina (EMC), la ricketsia Ehrlichia canis (E. canis), es una
bacteria Gram negativa, cocoide pleomórfica pequeña,
que parasita el citoplasma de los monocitos circulantes, en grupos
de organismos denominados mórulas. La enfermedad es también
conocida como ricketsiosis canina, fiebre hemorrágica canina,
enfermedad del perro rastreador, tifus de la garrapata canina,
desorden hemorrágico de Nairobi y pancitopenia tropical
canina, nombres que representan diferentes aspectos de una misma
enfermedad. Esta enfermedad es reconocida como una enfermedad
infecciosa importante y potencialmente fatal de los perros y otros
miembros de la familia Canidae.
E. canis fue identificada por primera vez en Algeria en 1935.
Históricamente la enfermedad cobró mucha importancia
durante la Guerra de Vietnam, causando la muerte de cientos de
perros militares. Posteriormente se le prestó atención
en 1987 cuando E. chaffeensis, un organismo muy emparentado, fue
identificado como la causa de la erlichiosis monocítica
humana. Subsecuentemente, en 1996, se demostró que E. chaffeensis
causa signos de enfermedad en los perros indistinguible de la
infección provocada por E. canis.
Patogénesis
Ehrlichia canis es transmitida por la garrapata marrón
del perro Rhipicephalus sanguineus. Recientemente también
se demostró que es experimentalmente transmitida por la
garrapata Dermacentor variabilis. La transmisión en la
garrapata Rhipicephalus sanguineus ocurre entre estados de desarrollo
y no transováricamente Se ha demostrado que las larvas
y las ninfas se infectan al alimentarse de perros con enfermedad
aguda. La reciente demostración del ADN de Ehrlichia en
la sangre de perros infectados persistentemente, clínicamente
sanos, 34 meses después de la infección experimental,
sugiere que los perros en estadio subclínico también
pueden ser una fuente de infección. En la garrapata la
Ehrlichia se disemina desde el intestino a las glándulas
salivares a través de las células sanguíneas.
Al alimentarse, las garrapatas inyectan en el lugar, las secreciones
de las glándulas salivares contaminadas con Ehrlichia canis.
Los tres estados (larva, ninfa y adulto), son capaces de transmitir
la enfermedad. Se ha demostrado que las garrapatas pueden sobrevivir
como adultos 155 a 568 días sin alimentarse y transmitir
la infección por 155 días después de infectarse.
Este fenómeno permite a las garrapatas sobrevivir durante
el invierno e infectar a los huéspedes en la primavera
siguiente. Las garrapatas son más abundantes durante las
estaciones cálidas, y la mayoría de los casos agudos
de EMC ocurren durante esos períodos. Como la transmisión
de Ehrlichia es mecánica y no biológica, las transfusiones
de sangre infectada pueden también transmitir la ricketsia.
Los
perros de regiones endémicas y aquellos que viajan hacia
o desde áreas endémicas deben ser considerados como
candidatos potenciales a enfermarse. La distribución de
la EMC está relacionada con la distribución del
vector Rhipicephalus sanguineus y se ha descrito su ocurrencia
en cuatro continentes incluyendo Asia, África, Europa y
América. Los casos de EMC confirmados serológicamente
deben ser declarados en la mayoría de los estados en Estados
Unidos. Se ha demostrado que la seroprevalencia de anticuerpos
contra E. canis en perros en Zimbabwe, Egipto e Israel es de 42%,
33% y 30% respectivamente.
La patogénesis de EMC incluye un período de incubación
de 8 a 20 días, seguido de una fase aguda, subclínica
y a veces crónica. Durante la fase aguda, el parásito
ingresa al torrente sanguíneo y linfático y se localiza
en los macrófagos del sistema retículo-endotelial
del bazo, hígado y ganglios linfáticos, donde se
replica por fisión binaria. Desde allí, las células
mononucleares infectadas, diseminan a las ricketsias hacia otros
órganos del cuerpo.
Los
signos clínicos de la fase aguda varían en severidad,
pero usualmente se resuelven espontáneamente aunque algunos
perros pueden permanecer con infección subclínica.
Puede haber recuperación espontánea del estadio
subclínico, sin embargo otros animales pueden ser portadores
persistentes durante meses o años. La identificación
de ADN de Ehrlichia en aspirados esplénicos, obtenidos
de 4 portadores persistentes después de 34 meses de la
infección experimental, sugiere que el bazo es el órgano
donde permanece la ricketsia en los casos subclínicos.
Se cree que los perros inmunocompetentes son capaces de eliminar
al agente durante la fase subclínica. Algunos perros persistentemente
infectados pueden desarrollar subsecuentemente la fase severa
crónica de la enfermedad. No todos los perros desarrollan
la fase crónica de EMC, y las condiciones que llevan al
desarrollo de la misma permanecen poco claras. El Ovejero Alemán
tiende a desarrollar la fase crónica mucho más frecuentemente
que otras razas, posiblemente debido a una respuesta disminuida
de la inmunidad celular en estos perros. La muerte en la EMC pude
suceder como consecuencia de las hemorragias y/o infecciones secundarias.
Hay
evidencias crecientes acerca de la intervención de mecanismos
inmunológicos en la patogénesis de la enfermedad.
Estas incluyen pruebas de Coombs y de autoaglutinación
positivas en animales infectados y la demostración de anticuerpos
antiplaquetas (APA) en perros infectados experimentalmente con
E canis. Tanto plaquetas libres como ligadas a anticuerpos (APA)
han sido demostradas el la sangre de perros infectados, y se cree
que cumplen un papel importante en la patogénesis de la
trombocitopenia y la trombocitopatía.
Fueron demostradas nuevas evidencias sobre la intervención
de mecanismos inmunopatológicos en la patogénesis
de la EMC en infecciones experimentales realizadas en perros esplenectomizados.
Perros enteros y esplenectomizados fueron infectados con E. canis.
La serología, los signos clínicos y los parámetros
hematológicos fueron evaluados durante el curso de la enfermedad
aguda. Los perros esplenectomizados presentaron una forma menos
severa de la enfermedad aguda en comparación con los perros
enteros. Los resultados sugieren un compromiso del bazo en la
patogénesis de EMC. La típica esplenitis linfoplasmocítica,
con la consecuente liberación de mediadores de la inflamación
y/o sustancias esplénicas, ha sido propuesta como un elemento
fundamental en la patogénesis de la enfermedad.
Presentación
Clínica
La ocurrencia natural de EMC se pude manifestar con una amplia
variedad de signos clínicos. Diferentes estudios han descrito
una gran variación en los signos clínicos y esto
puede ser debido a muchos factores, incluyendo diferencias en
la patogenicidad entre las cepas de Ehrlichia, raza de perros,
infecciones concomitantes con otras enfermedades transmitidas
por garrapatas y el estado inmunitario del perro No hay predilección
sexual ni de edad en la infección con E. canis y todas
las razas pueden ser infectadas. Sin embargo el Ovejero Alemán
parece ser el más predispuesto a desarrollar EMC clínica
En la fase aguda es común encontrar garrapatas en el perro.
En esta fase los signos clínicos pueden ser leves y no
específicos, aunque en algunos casos pueden ser severos
y comprometer la vida. Después del período de incubación
que es de 8 a 20 días, los perros infectados entran en
la fase aguda de la enfermedad que puede durar de 1 a 2 semanas.
Los signos pueden incluir: depresión, letargia, anorexia,
fiebre, linfoadenomegalia, esplenomegalia y pérdida moderada
de peso Los perros pueden presentar tendencia al sangrado, petequias
y esquimosis en la piel y membranas mucosas, y ocasionalmente
epistaxis.
Los
signos oculares no son infrecuentes e incluyen uveítis
anterior + opacidad corneal (edema y/o depósito de precipitados
celulares), hipema, tortuosidad de vasos retinales y lesiones
corio-retinales focales (manchas pigmentadas rodeadas de áreas
de hiperreflectividad). Puede haber desprendimiento de retina
y ceguera debido a hemorragias subretinales. Se pueden presentar
otro signos clínicos como vómitos, descarga oculonasal
serosa a purulenta, claudicación, ataxia y disnea.
Los signos clínicos más comunes en la enfermedad
crónica son debilidad, depresión, anorexia, pérdida
crónica de peso, palidez de mucosas, fiebre y edema periférico,
especialmente en miembros posteriores y escroto.
Sangrado por trombopatía, como petequias y esquimosis dérmicas
y de membranas mucosas y epistaxis son hallazgos frecuentes. Infecciones
bacterianas secundarias y por protozoarios, neumonía intersticial,
falla renal y artritis pueden presentarse durante la enfermedad
crónica severa. Algunos desórdenes reproductivos,
como sangrado prolongado durante el estro, infertilidad, aborto
y muerte neonatal, pueden estar asociados con EMC . La polimiositis
también ha sido asociada con EMC crónica. Los signos
neurológicos pueden ocurrir tanto en la enfermedad aguda
como crónica. Estos incluyen signos de meningoencefalitis,
como por ejemplo: lomo arqueado, dolor severo de cuello y lomo,
paraparesia o tetraparesia, ataxia, déficit de nervios
craneales y convulsiones. Los signos neurológicos pueden
ser debidos a hemorragias, infiltración celular extensa
y compresión perivascular de las meninges.
Hematología
La trombocitopenia es el hallazgo hematológico más
común y consistente en la EMC aguda. Un aumento concurrente
y significativo del volumen medio de plaquetas es también
usualmente visto, reflejando una trombopoyesis activa. En la fase
aguda de la enfermedad es común la leucopenia y la anemia
moderada (usualmente normocítica, normocrómica,
no regenerativa). La trombocitopenia moderada es un hallazgo común
en la fase subclínica de la enfermedad. Puede haber un
descenso en el número de los neutrófilos. Los parámetros
eritrocíticos no son afectados normalmente en esta etapa
de la enfermedad. La trombocitopenia severa, leucopenia y anemia
se presentan más comúnmente durante la fase crónica
de la EMC. La pancitopenia severa es la característica
de la fase crónica grave y que ocurre como resultado de
una médula ósea hipocelular suprimida.
Hallazgos
bioquímicos
Las principales anormalidades bioquímicas vistas en los
perros infectados con EMC son la hipoalbuminemia, hiperglobulinemia
e hipergamaglobulinemia. La electroforesis proteica sérica
usualmente revela gamapatía policlonal, sin embargo, en
raras ocasiones los perros infectados pueden presentar gamapatía
monoclonal la cual puede ser mal diagnosticada como paraproteinemia.
Los perros con pancitopenia presentan una significativa baja concentración
de proteínas totales, globulinas totales y concentración
de gammaglobulina en comparación con perros sin esta anormalidad.
La baja concentración de gammaglobulinas asociada a la
pancitopenia sugiere que el estado inmune del animal pancitopénico
infectado con E. canis está más comprometido y,
por lo tanto, las infecciones secundarias pueden ocurrir más
frecuentemente en estos perros. Un aumento transitorio moderado
en la actividad de la aminotransferasa y de la fosfatasa alcalina
pude presentarse.
Diagnóstico
La mayoría de los casos de EMC ocurren en área endémicas
durante la primavera y los meses de verano cuando la población
de garrapatas es más activa. El diagnóstico de la
EMC se basa en la anamnesis, presentación clínica,
hallazgos patológicos al examen clínico y se confirma
con las pruebas de laboratorio. Los propietarios pueden relatar
una infestación previa con garrapatas o la visita reciente
a un área endémica. El diagnóstico se confirma
con la visualización de las mórulas en los monocitos
circulantes (Fig.1), detección del aumento de anticuerpos
en suero contra E. canis, o la demostración del ADN de
E. canis mediante la reacción de cadena de polimerasa (PCR).

Figura
1. Morula de Ehrlichia en células mononucleares circulantes
en un perro infectado (Giemsa).
Actualmente,
la prueba de inmunofluorescencia indirecta de anticuerpos (IFA)
usando antígenos de E. canis es el test serológico
más aceptable. La presencia de títulos de anticuerpos
anti E. canis a una dilución mayor a 1:40 se considera
evidencia de exposición. En la fase aguda de la enfermedad,
cuando los perros están clínicamente enfermos, los
títulos de anticuerpos aumentan rápidamente. En
estudios experimentales se ha demostrado que en el momento de
presentación, los perros clínicamente enfermos en
la fase aguda de la enfermedad tienen títulos de anticuerpos
substanciales.
La prueba Dot-Elisa se ha desarrollado recientemente para usar
en clínica. Estas pruebas requieren un equipo mínimo
y permitirán un diagnóstico serológico de
EMC ampliamente disponible. Promete ser una prueba clínica
auxiliar de diagnóstico serológico de gran valor
para esta enfermedad.
Cuando se determina el título de anticuerpos contra E.
canis mediante la prueba de inmunofluorescencia indirecta (IFA)
en perros, es esencial que el clínico tenga en cuenta las
reacciones cruzadas que se pueden presentar y que pueden confundir
el diagnóstico. En áreas endémicas a otras
especies de Ehrlichia las reacciones cruzadas entre E. canis,
y E. ewingii, E. equi o E. risticii deben tenerse en cuenta. En
un estudio reciente se demostró que perros artificialmente
infectados con E. canis desarrollan anticuerpos que dan reacción
cruzada con E. equi aproximadamente 4 meses después de
la infección. No obstante, se observó que los anticuerpos
contra E. equi eran considerablemente más bajos comparados
con los de E. canis. La reactividad cruzada entre E. canis, Neorickettsia
helminthoeca (el agente etiológico de la enfermedad del
envenenamiento por salmón) también ha sido documentada.
No hay reacción serológica cruzada entre E. canis
y E. platys.
Debido
a la confusión causada por las infecciones que dan reacción
cruzada, sería deseable en condiciones óptimas probar
el suero contra un número de agentes. Generalmente una
diferencia cuatro veces mayor entre los títulos de anticuerpos
contra los diferentes antígenos es considerada como inferencia
etiológica cuando los pacientes reaccionan a varios antígenos.
La posibilidad de infección con diferentes variedades de
garrapatas pude confundir el uso de pruebas serológicas.
Co-infecciones con E. canis, E. chaffeensis y E. ewingii , E.
equi . E. platys, especies de Rickettsia, especies de Bartonella
y Babesia canis ha sido descrita en criaderos de perros con una
alta carga de infección por garrapatas.
En aproximadamente el 4% de los casos durante la fase aguda de
la enfermedad, se puede demostrar microscópicamente la
mórula intracitoplásmica de E. canis en los monocitos
y es diagnostico de la enfermedad. Por lo tanto se debe evaluar
cuidadosamente la sangre y los frotis sanguíneos. Otros
métodos, usados principalmente en investigación,
son el cultivo del parásito, PCR y Western inmunobloting.
En un estudio en el que se comparó PCR, cultivo del parásito,
IFA y Western inmunobloting para la detección temprana
del parásito se vio que el cultivo celular y el re-aislamiento
es el método más sensible y definitivo para el diagnóstico
temprano de la erlichiosis. No obstante, se necesitan entre 14
a 34 días para obtener resultados positivos, por lo que
no es un método conveniente.
El diagnóstico de la enfermedad subclínica debe
basarse en la anamnesis, ubicación geográfica del
perro, persistencia de los títulos de anticuerpos contra
E. canis, trombocitopenia moderada e hipergamaglobulinemia. El
diagnóstico de la enfermedad en esta etapa es un desafío
para el clínico. La importancia del diagnóstico
temprano radica en el pronóstico relativamente bueno antes
de que algunos de los perros entren en la fase crónica,
fase en la que el pronóstico es grave. La enfermedad crónica
es el estadio final del proceso de enfermedad y el diagnóstico
se basa en la anamnesis, la típica pancitopenia severa,
la presencia de títulos de anticuerpos contra E. canis,
hipergamaglobulinemia sérica y falta de respuesta al tratamiento
con doxiciclina. Este estado es generalmente más fácil
de diagnosticar.
Tratamiento
El tratamiento de elección para la fase aguda de la EMC
es la doxiciclina a una dosis de 10 mg/kg una vez por día
( o 5 mg/kg dos veces por día) durante tres semanas como
mínimo. Un tratamiento a corto plazo con doxiciclina (10
mg/kg, una sola toma diaria durante 7 días) no ha tenido
buenos resultados, mientras que la administración durante
10 días fue exitosa. En nuestra experiencia, 10 días
de tratamiento puede no ser suficiente para todos los casos agudos.
En la mayoría de los casos, los perros en la fase aguda
de la enfermedad, responden al tratamiento y muestran mejorías
clínicas dentro de las 24 a 72 h. Los animales en la fase
subclínica pueden necesitar un tratamiento más prolongado
en comparación con los perros que sufren la etapa aguda
como se demostró a través de la infección
persistente (por PCR) en uno de cuatro perros con infección
subclínica tratado con doxiciclina (10 mg/kg c/24 h) durante
42 días.
Es posible que el mecanismo mediante el cual Ehrlichia sobrevive
y se multiplica en las células infectadas consiste en su
habilidad para inhibir la fusión fagosoma-lisosoma. Se
vio previamente que la doxiciclina restablece la fusión
fagosoma-lisosoma en las células infectadas con E. risticii
y E. sennetsu. El dipropionato de imidocarb (5mg/Kg, una o dos
inyecciones por vía IM con un intervalo de 14 días)
puede ser usado conjuntamente con la doxiciclina. A pesar de que
estudios previos han demostrado la eficacia del tratamiento con
imidocarb in vivo, un estudio reciente in vitro indicó
que puede no ser efectiva. Una ventaja adicional del uso de esta
droga en los perros es que elimina otras enfermedades transmitidas
por garrapatas, como la babesiosis, que puede ser concurrente
a la EMC.
Otras
drogas con eficacia conocida contra E. canis incluye a la tetraciclina
(22 mg/kg cada 8 h), oxitetraciclina (25 mg/kg cada 8 h), minociclina
(20 mg/kg cada12 h) y cloranfenicol (50 mg/kg cada 8h). En un
informe reciente se ha demostrado que la enrofloxacina oral (5
o 10 mg/kg cada 12 h por 21 días) no fue efectiva para
la eliminación de la ricketsia en perros infectados experimentalmente.
Como se argumentó anteriormente, hay evidencia creciente
de la intervención de un mecanismo inmune en la patogénesis
de la enfermedad. Por lo tanto, el uso de dosis inmunosupresoras
de glucocorticoides en el tratamiento de la fase aguda de la EMC
debe ser considerado. No obstante, como no se han realizado estudios
clínicos que prueben la eficacia de los esteroides en el
tratamiento de la EMC, deberían ser usados con precaución.
Cuando se demuestra en los frotis sanguíneos la existencia
de otros parásitos transmitidos por Rhipicephalus, como
Hepatozoon canis o Babesia canis, la co-infección con E.
canis, debe ser siempre considerada ya que es común. La
co-infección con E. platys, la cual se presume es transmitida
por Rhipicephalus sanguineus, también es común.
Infecciones concurrentes de E. canis con Borrelia burgdorferi
o Leishmania donovani han sido documentadas, indicando la posibilidad
de co-infecciones con otros parásitos, que no son transmitidos
por la garrapata marrón del perro.
El
tratamiento de la forma crónica severa de la enfermedad
no es grato y el pronóstico de esos perros pancitopénicos
es grave. Hay un solo caso descrito de tratamiento exitoso en
un perro con EMC severa crónica, usando una combinación
de factores de crecimiento hematopoyéticos (factor estimulante
de la colonia recombinante granulocítica humana y eritropoyetina
recombinante humana), bajas dosis de vincristina, doxiciclina
y una terapia prolongada con glucocorticoides. No obstante, el
uso de factores de crecimiento en el tratamiento de la erlichiosis
crónica no ha sido probado eficazmente y requiere ser investigado.
Después del tratamiento, los títulos de anticuerpos
contra E. canis pueden persistir por meses, e inclusive por años.
También se ha demostrado que la persistencia de títulos
de anticuerpos contra E. canis pos tratamiento, están en
relación con el título inicial al momento del tratamiento.
La persistencia de títulos altos por largos períodos
después de tratamientos prolongados, puede representar
una respuesta inmune aberrante o fracaso del tratamiento. Después
de un tratamiento exitoso, los perros seropositivos pueden ser
nuevamente desafiados. Se encontró que una disminución
progresiva en la concentración de gammaglobulina sérica
ha sido asociada con la eliminación de los parásitos.
Profilaxis
Hasta la fecha, no se ha desarrollado ninguna vacuna eficaz contra
E. canis y el control de las garrapatas sigue siendo la medida
de prevención más eficaz contra la infección.
En áreas endémicas, el tratamiento con bajas dosis
de oxitetraciclina (6,6 mg/kg) una vez al día ha sido sugerida
como medida preventiva. Este método ha sido recientemente
utilizado por la Armada Francesa en perros en Senegal, la Costa
de Marfil y en Djibouti, donde los perros son tratados profilácticamente
con 250 mg de oxitetraciclina oral por día. La tasa estimada
de fracaso obtenida fue de 0,9 %. A pesar del éxito de
este tratamiento, los autores no consideran práctica a
esta medida debido a la posibilidad del desarrollo futuro de cepas
de E. canis resistentes. Este desarrollo de resistencia complicaría
aun más el tratamiento de los perros y como consecuencia
de esto, una disminución en la tasa de éxito de
los tratamientos.
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