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Para
poder hablar del Dogo Argentino, primero hay
que hablar de su creador, el Dr. Antonio Nores Martinez,
nacido en Córdoba capital, en una familia tradicional, amante
de la caza y sobre todo de la cinofilia.
Carnet
de caza del Dr. Antonio Nores Martínez
Fue
un gran médico cirujano, distinguido no sólo por
su profesión, sino por el gran carisma hacia sus pacientes.
Mezclando
sus pasiones de niño, con los conocimientos científicos,
es como logró en el año 1928, fijar una nueva
raza, el DOGO ARGENTINO.
Así
es como en el año 1947, presenta la nueva raza en dos
escenarios diferentes, primero en la revista Diana (número
89, pág. 28 - 40, oct. 1947) y luego en la práctica
en la provincia de San Luis, en donde pone en combate a un dogo
argentino, con un jabalí y con un puma adulto, imágenes
que quedaron plasmadas para siempre en una cinta de video.
DISERTACIÓN
DEL DR. ANTONIO NORES MARTÍNEZ
"SEÑORES:
El
Centro de Cazadores de Buenos Aires me ha hecho el honor inmerecido
de brindarme su hospitalidad y ésta su tribuna prestigiosa,
la acepto complacido en la convicción de que la benevolencia
en el juicio ha de suplir la escasez del merecimiento personal.
Lógico corolario de la cordialidad que se me dispensa,
la que interpreto como un índice de la elevada jerarquía
espiritual de este ambiente.
A
la Honorable Comisión Directiva, así como a su
digno Presidente, mi profundo reconocimiento por la distinción,
con la gratitud que la nobleza obliga.
Señores:
Ninguna especie de la creación ha sufrido tando las consecuencias
de las Leyes de la Evolución como la especie canina.
Su fidelidad al hombre desde la prehistoria hasta nuestros días
le ha hecho adquirir una admirable facultad de adaptación
a los cambios ambientales y geográficos, creados por
las necesidades que la lucha por la vida impuso a su amo, cuando
no por las grandes conmociones geológicas o bien en virtud
del propio capricho humano.
¿Quién
no ha observado la enorme diferencia morfológica que
existe entre un corpulento perro de raza Gran Danés y
el diminuto Pekín?¿Entre el esbelto y aristócrata
Irish Wolf Hound y el acondroplástico Dachohund, entre
el hermoso pelaje de un Setter o un Collie y la piel desnuda
de un Pila?
¿No
hay acaso más diferencia en la morfología de las
razas que acabamos de comparar que entre las que existen y distinguen
un león de un tigre, una llama de un guanaco, o entre
un antropoide y un ser humano de raza primitiva?
¿A
qué se debe que entre ejemplares de una misma especie,
y sólo en esta especie de la extensa escalera zoológica,
pueda haber diferencias tan grandes que superan a las que separan
especies distintas?
Sólo
hay, señores, una respuesta a este interrogante. Se debe
a esa magnífica facultad de adaptación que tiene
la especie canina, adquirida siguiendo a su amo, a lo largo
de todas las edades de la historia por todos los senderos del
planeta, y a la intemperie de todos los climas de la tierra,
para servir con igual abnegación a un amo de todas las
razas, de todos los caracteres y de todas las culturas.
Porque,
señores, la historia enseña que allá en
la noche de los siglos, allá en los umbrales de la prehistoria,
donde apareció el primer sendero y la primera planta
del pie humano, allí mismo, entonces como ahora, junto
a esa huella estaba la de su noble y fiel amigo. El compañero
de siempre..., en la alegría y en el dolor, en la miseria
y en la opulencia, en la ilusión y en la desesperanza,
en la cuna y en la tumba, en la vida y en la muerte... estaba
el perro, el único ser tan noble, que es capaz de lamer
la herida del amo antes que la propia y rendirle con gusto su
vida, el único capaz de besar, tanto su mano cuando lo
acaricia... como su látigo cuando lo fustiga...
Yo
veo, señores, en todo ésto, algo más que
una simple realización del instinto... ; yo veo esbozarse
en su psicogénesis el sentimiento superior. Yo veo en
el primer gesto, algo de caridad y mucho de abnegación;
en el segundo, mucho de gratitud, y en el tercero... el gesto
sublime del perdón.
Esa
magnífica adaptabilidad, decía, de la especie
canina a los cambios ambientales o paratípicos, ya sea
en el psiquismo o en la morfología, siguiendo los caminos
biológicos de la evolución, o bien el opuesto
de la involución, es lo que ha permitido el desarrollo
del inmenso número de razas y variedades caninas que
conocemos hoy, unas fijadas en selección natural, las
otras por el hombre, ya fuera con fines prácticos o para
adorno y compañía, cuando no por capricho y hasta
se podría decir para algunas de ellas por una evidente
aberración del buen gusto humano. Pero todas por igual
siempre con idéntica fidelidad, al servicio del amo y
señor más tirano que conoce la creación:
El Hombre, al que sirven con igual sumisión tanto el
de aristocrático pedigree, como el humilde hijo de nadie.
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Cacería
de Jabalí
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Cacería
del Guanaco
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Aprovechando
esta fácil adaptación de la especie y esa ductilidad
a la selección humana, me propuse hace más de
veinte años, fijar una nueva raza de perros, que reuniera
las condiciones necesarias para ser el perro útil para
la caza mayor en nuestro país. Porque en nuestros bosques
impenetrables y vírgenes, las condiciones de la caza
son muy diferentes a las que se realizan en los cotos de caza
en Europa, lugar en donde fueron seleccionadas las razas que
importamos para estos usos. Aquí cazamos en montes abiertos
de inmensas extensiones donde a veces hay que recorrer los senderos
arrastrados cuerpo en tierra, y la tropa de jabalíes
sean autóctonos o importados, o bien el puma o el tapir,
cuando han oído la vecindad de la jauría, si no
fueran apresados en el momento del encuentro con ésta,
inútil pretender atraparlos nuevamente, donde hay miles
de hectáreas de por medio. Todo intento del cazador y
los perros son en vano.
Entonces,
¿qué cualidad debe tener el perro para esta clase
de caza? En primer lugar debe ser un perro que bata el monte
en silencio y que sólo se haga oír sobre la presa,
porque cuando haga la de los Fox-Hound o lo de las otras razas
de montería, que empiezan a aullar cuando encuentran
el rastro, el cazador que lo sigue puede estar seguro que no
cobrará ninguna pieza, porque el aullido de la jauría
pone sobreaviso a los animales, los que huyen a muchas leguas
de distancia.
En
segundo lugar debe ser un perro de buen olfato pero que ventee
arriba como el Pointer, y no sobre el rastro, porque en la caza
del puma, por ejemplo, éste para engañar a los
perros hace círculos al huir y vuelve sobre su propio
rastro; otras veces trepa a un árbol, el molle por lo
común y salta a la distancia, o bien franquea de un salto
un precipicio, dejando a los perros que lo siguen por su huella,
remolineando confundidos; en cambio, cuando el perro sigue al
animal venteando, no hay posibilidad de que lo engañe,
y la treta conocida del pecarí de separarse de la tropa,
quedando escondido entre las matas mientras la jauría
persigue a los que huyen, resulta inútil si el perro
ventea al animal. Por esta razón es común oír
a la gente del campo donde hay pumas que el mejor perro leonero
es el Pointer o su mestizo, porque lo encuentra enseguida y
lo empaca y el cazador puede darle el tiro de gracia.
En
tercer lugar, debe ser un perro ágil más de lucha
que de velocidad, porque al jabalí, al puma o al pecarí
lo alcanza cualquier perro que no sea muy pesado.
Y
por último debe ser valiente por sobre todas las cosas.
Al encontrar al puma o al chancho debe hacer presa aunque éste
lo hiera y ser capaz de sujetarlo solo, hasta que lleguen los
otros perros o el cazador, y si éstos no llegan debe
ser capaz de matarlo él solo, porque en nuestras cacerías,
dada la extensión de este país, no es posible
viajar cientos de kilómetros llevando jaurías
de veinte o cincuenta perros. Esto ni es práctico ni
es cómodo para nosotros.
Esta
cualidad del valor la considero fundamental porque aquí,
donde los montes no son cultivados, no se puede seguir a caballo
la jauría porque apenas si se puede entrar a pie, no
sacamos nada con que los perros empaquen los animales lejos
de nosotros, si es imposible llegar a ultimarlos; lo práctico
es que al encontrarlo lo "estiren" , como decimos
los provincianos, es decir que hagan presa de inmediato.
En
cuanto a la "talla" del perro, como los senderos de
nuestros montes son muy bajos, resultan más prácticos
los perros de talla media, pero como en la selección
de las razas hay que elegir los ejemplares más fuertes,
conviene para la cría elegir los de mayor talla y peso,
porque criados en el campo por exceso de trabajo y mala alimentación
siempre se reducen de tamaño; esta es la razón
del dicho criollo: La talla entra por la boca".
La
cualidad del valor es indispensable también para el perro
de guardia que es la otra finalidad del Dogo Argentino. Hay
la creencia generalizada de que el perro de guardia es el que
ladra o es capaz de morder a un desconocido. Con este concepto
los perros de todas las razas son buenos guardianes. Pero a
mi juicio el perro de guardia debe ser algo más que todo
eso: debe ser capaz de hacerse matar haciendo presa, en defensa
de su amo o de su casa. De nada vale como guardián el
perro que ataca a un intruso, si al primer garrotazo o a la
primera herida de puñal abandona su presa a los gritos;
tal animal, no presenta ninguna seguridad para su dueño
ni merece, en mi concepto, el honroso nombre de perro de guardia.
He
trazado las líneas generales que me propuse obtener en
el Dogo Argentino, y que ustedes conocen a través de
la prestigiosa revista DIANA, de este Centro. Si lo he conseguido
o no, ya pertenece al juicio de la afición al viril deporte
de la caza, y a los canófilos porque yo, como parte,
estoy comprendido en las generales de la ley.
En
esta misma adaptabilidad de la especie canina a los medios ambientales
a que me he referido, reside la mutabilidad de los caracteres
de las distintas razas, por lo que es indispensable tener presente
en la cría, junto con los caracteres somáticos
de un standard fijo, la educación orientada hacia el
objetivo propuesto, es decir, tener presente la fórmula
clave del mejoramiento de las razas caninas, enunciadas por
un distinguido consocio, y que se expresa en la siguiente fórmula:
P. por M. más E., lo que significa: Padre por Madre más
Educación; que en el lenguaje genético se traduce
por: Herencia más Educación y Ambiente, o sea
Genotipo más Paratipo.
Esta
vigilancia, señores, es indispensable en todas las razas
por una razón de2 biología general, porque en
biología el dinamismo es la vida; la inercia es la muerte.
Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran; las que
no evolucionan, involucionan, pero involucionar es retrogadar
es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones,
es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades
adquiridas para el fin propuesto.
Y
para terminar, os pido disculpas, señores, si puse un
poco de pasión en mis palabras, pero a manera de explicación
quiero recordarles que al propulsor de una idea se le puede
tolerar que se embandere en ella, porque la pasión es
el motor, es la fuerza propulsiva de las ideas, las ideas que
nacen sin pasión nacen muertas. Por eso la historia de
la humanidad, es la historia de la pasión humana,
la biografía de sus grandes figuras es también
la apología de sus grandes pasiones.
He
terminado."
PARA
LOS QUE ENTIENDEN:
Me
basta recordarles que en la ciencia el camino mejor, es el que
nos conduce a encontrar la verdad por nosotros mismos, aquél
que nos permita sustraernos de la influencia de intereses creados,
ya sea doctrinarios, de escuelas o de dineros y recuperare en
el terreno que investigamos, la autonomía y libertad
de observación, de raciocinio y de juicio, indispensables
a la verdad científica.
Y
que pongo a sus disposiciones la documentación necesaria,
donde comprobarán que el Dogo Argentino es un problema
de Genética ya resuelto.
A
LOS QUE NO ENTIENDEN:
Creo
oportuno hacerles la siguiente reflexión: quienes hablan
de lo que ignoran no dan muestra de inteligencia ni dan muestra
de discreción y en cambio pueden incurrir, tanto en la
necedad como en la estupidez.
A
LOS QUE NO QUIEREN ENTENDER:
Los
invito a traer un ejemplar puro, de cualquier raza de perro
del Mundo. Sea cual fuere su talla y su peso, para que lo gane
en un combate al Dogo Argentino y que me demuestre además
sus condiciones para la montería en nuestro país,
ya que como decimos los criollos en la cancha se ve el parejero.
A
LOS LECTORES:
Les
pido perdón si he puesto un poco de pasión en
éstas pero a manera de explicación quiero recordarles
que la pasión, es el motor, es la fuerza propulsiva de
las ideas, que las ideas que nacen sin pasión, nacen
muertas, y que por eso la historia de la humanidad no es más
que la historia de la pasión humana y la biografía
de sus grandes pasiones.
Es
importante destacar, que el dogo argentino, no estaría
entre nosotros, si no fuera por la gran difusión del
hermano del creador de la raza, el Dr. Agustín Nores
Martinez, quien luego de la trágica y traicionera muerte
de Antonio (asesinado a sangre fria y a traición para
robarle cuando se encontraba de cacería con un amigo),
tomó lo creado lo perpetuó, y lo hizo reconocer
por todo el mundo, hasta la aceptación como raza por
FCI.

Agustín
Nores Martínez
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